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Reproducción por semillas

 

Todas las plantas se pueden reproducir a través de semillas aunque en la práctica, los árboles, arbustos y muchas herbáceas de gran porte pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse en el jardín si se cultivan a través de semilla. Además, algunas semillas germinan con dificultad y resulta muy complicado reproducir las condiciones adecuadas como para hacerlas germinar fuera de su entorno natural.

Por estos motivos, en un jardín, la siembra de semillas suele limitarse a plantas de temporada, o algunas plantas aromáticas o herbáceas vivaces cuya semilla germina con gran facilidad y rapidez.

En función del clima y del tipo de planta, las semillas pueden plantarse directamente en semillero protegido al exterior o en un semillero de interior o invernadero, trasplantando las nuevas plantitas al lugar definitivo del jardín cuando finalice el período de frío o cuando la planta haya crecido lo suficiente como para resistir el ataque de pájaros, insectos y otros depredadores de las plantitas débiles y tiernas. Para conseguir que las semillas germinen, se deben reproducir las condiciones que se dan en la naturaleza y que varían en función de cada tipo de semilla o de planta:

 

Condiciones de luz. Las semillas diminutas, aunque también algunas grandes, necesitan sembrarse muy superficialmente para poder captar la luz una vez emitan sus primeras hojitas. Sin embargo, existen algunas semillas que no germinan si están expuestas a la luz, siendo necesario tapar la zona sembrada con cartones que impidan el paso de la luz, pero permitan el paso del aire y la humedad. Este tipo de semillas se deben plantar a una profundidad igual a tres veces su anchura.

 

Condiciones de humedad. La mayoría de plantas pueden germinar y establecerse con una humedad relativa del 50-60%, aunque las plantas originarias de zonas tropicales y subtropicales húmedas necesitan una humedad del 65-85%, además de temperaturas entre 22-32ºC, y las plantas nativas de las zonas áridas o desérticas prefieren una humedad relativa de 35-45%.

 

Cómo aumentar la humedad ambiental en casa. En invierno, en el interior de una casa con la calefacción encendida, la humedad relativa no suele superar el 15-20%, por lo que podemos recurrir a diversas opciones para aumentar la humedad:

  • Pequeño invernadero doméstico. Podemos utilizar una estantería rodeada por plásticos que conserven la humedad en el interior (un pequeño invernadero para el semillero y las jóvenes plántulas).
  • Bandeja grande con agua. Podemos colocar la bandeja de siembra sobre una bandeja más grande y rodear la bandeja de siembra con guijarros y agua, que al evaporarse hará aumentar la humedad.
  • Humificador eléctrico. Podemos utilizar un humificador eléctrico, que podemos adquirir en cualquier centro de jardinería.

 

Tratamientos de la semilla antes de la siembra. Algunas semillas necesitan algunos tratamientos para germinar. Son tratamientos mediante los cuales se simulan procesos a los que se ven sometidas las semillas en la naturaleza. En el caso de que una semilla requiera varios tratamiento, en primer lugar realizaremos la estratificación, en segundo lugar la escarificación y en tercer lugar, la maceración o remojo.

  • Semillas de fácil germinación. Algo de humedad y un sustrato fértil y bien drenado son suficientes para conseguir que este tipo de semillas germinen.
  • Estratificación. Algunas semillas necesitan estar sometidas a bajas temperaturas durante varias semanas o incluso meses para germinar con el calor primaveral. Para reproducir artificialmente esta situación, colocaremos las semillas en un bote cerrado y las introduciremos al frigorífico durante unas semanas (consultar el período de estratificación necesario en la ficha de cada planta, en Guía de plantas).
  • Escarificación. Hay semillas que tienen una cáscara muy dura que debe romperse para que germine. La escarificación consiste en romper la cáscara de la semilla realizando una cortadura o incisión superficial por donde pueda pasar la humedad hasta el interior. Para hacer la incisión usaremos un cuchillo afilado. El corte debe ser poco profundo para no dañar el interior de la semilla. Sólo debemos escarificar aquellas semillas que lo requieran, tal y como se indica en las fichas de las plantas correspondientes, en Guía de plantas.
  • Maceración. Sobre la cáscara de algunas semillas se forma una capa natural de sustancias químicas que inhibe la germinación y debe ser disuelta por agua. Por ello, este tipo de semillas deben someterse a maceración antes de su siembra. La maceración se realiza introduciendo las semillas en un vaso o tarro con agua templada y dejándolas a remojo entre 8-10 horas. Posteriormente retiraremos las semillas utilizando un colador y las dejaremos sobre el colador unas 30 horas, remojándolas cada dos horas para impedir que se sequen, en cuyo caso morirían. Pasadas las 30 horas de maceración, las sembraremos.
  • Remojo. Alguna semillas tienen la cáscara gruesa y dura y necesitan permanecer unas horas a remojo para ablandar su cáscara y poder germinar. En tal caso, pondremos las semillas en una taza con agua templada y las dejaremos a remojo. Consultar el tiempo de remojo más adecuado en la ficha de cada planta, en Guía de plantas.