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Plantas resistentes a la sequía

 

La sequía es un fenómeno meteorológico que tiene lugar cuando se produce un período de ausencia casi total de precipitaciones. Si además, la ausencia de precipitaciones va acompañada de sol y calor, la sequía se agudiza, al aumentar las necesidades de hidratación de la planta. Pero también existen otros factores que intensificarán la sequía; el viento, la salinidad, las heladas o la poca capacidad de retención de agua de un suelo arenoso o poco profundo.

La sequía produce deshidratación o déficit hídrico en las plantas debido a que pierden más agua por evapotranspiración de la que pueden absorber sus raíces. La deshidratación lleva al marchitamiento de las hojas, seguido de la muerte de los nuevos brotes y de la caída general del follaje. Si la sequía se prolonga, la planta muere.

 

Tipos de sequía. Existe un gran número de plantas xerófilas, es decir, plantas resistentes a la sequía en mayor o menor grado:

 

Sequía media. Se considera sequía media cuando las plantas deben someterse a períodos de hasta 3 meses sin apenas precipitaciones, acompañados de temperaturas de hasta 40ºC y sol intenso, así como de otros posibles factores agravantes. Se trata de un tipo de sequía habitual en el clima continental mediterráneo, si bien, debido al cambio climático, también puede darse durante algunos veranos en regiones normalmente lluviosas como el clima oceánico, el clima continental húmedo o el clima montañoso.

 

Sequía intensa. Se considera sequía intensa cuando las plantas deben someterse a períodos de entre 4-6 meses sin apenas precipitaciones, acompañados de temperaturas de hasta 45ºC y sol intenso, así como de otros posibles factores agravantes. Se trata de un tipo de sequía habitual en el clima semidesértico, en el clima subtropical árido y en el clima mediterráneo. 

 

Cómo se defienden las plantas contra la sequía. Entre los mecanismos de defensa que utilizan las plantas para soportar la sequía se encuentran:

 

Tejidos suculentos. Las plantas que soportan la sequía, han desarrollado tejidos suculentos donde almacenan agua de reserva. Todas las plantas crasas presentan este mecanismo de adaptación.

 

Doble sistema de raíces. Antes de iniciar el crecimiento de la parte aérea, la planta xerófila genera una raíz profunda que la permite extraer agua de las capas inferiores del suelo. Una vez tiene formada la raíz profunda, inicia el desarrollo de un sistema de raíces superficial que la permita aprovechar la humedad de las escasas lluvias que se produzcan, así como los nutrientes de la primera capa del suelo. La planta no comenzará a desarrollar su parte aérea (tallos y hojas), hasta que no complete su sistema radicular, pudiendo para varios años. Un ejemplo de este tipo de adaptación se puede ver en jara (Cistus).

 

Hojas adaptadas a la sequía. Algunas plantas adaptadas a la sequía, como encina, madroño o adelfa, han desarrollado hojas perennes, pequeñas, gruesas y duras con estomas especiales ubicados en el envés de la hoja, protegidos del sol. Este tipo de hojas limita las pérdidas por transpiración. Las plantas que tienen este tipo de hojas se llaman plantas esclerófilas.

 

Hojas con muy poca superficie expuesta al sol. Otras plantas xerófilas han generado hojas estrechas, enrolladas, lineares o en forma de aguja para reducir la evaporación del agua a través de las células de las hojas. Es el caso del romero o del tomillo. La reducción de las hojas implica una disminución de la fotosíntesis que ralentiza el crecimiento de este tipo de plantas.

 

Hojas pilosas. Las plantas generan una densa red de pelos blancos que reflejan la luz, reducen el calor en la superficie de la hoja y disminuyen la evaporación. Además, la superficie pilosa capta la humedad del aire. Un ejemplo de este tipo de hojas se encuentra en salvia.

 

Sustitución de hojas por espinas. Algunas plantas han sustituido sus hojas por espinas reduciendo de forma fantástica la transpiración y pérdida de agua a través de las hojas. Es el caso de los cactus.


 

Cómo prevenir los daños de la sequía en el jardín.

Por medio de sistemas de riego, manuales o automatizados, podemos contrarrestar la falta de agua en el suelo, mientras que la sequedad ambiental resulta más complicada de solucionar.

Sin embargo, la aportación de agua mediante riego artificial resulta costosa, por lo que conviene reducir las necesidades de riego. Además de cultivar plantas que soporten la sequía habitual en nuestro clima, podemos seguir algunas recomendaciones para aprovechar al máximo el agua de lluvia y evitar que nuestras plantas sufran déficit hídrico:

 

Favorecer el desarrollo de las raíces. Un árbol o arbusto que haya desarrollado una amplia red de raíces subterráneas es capaz de aprovechar el agua acumulado en las capas profundas del suelo durante las épocas de sequía. Para favorecer que las plantas desarrollen sus raíces en profundidad debemos preparar bien el suelo antes de la plantación y acostumbrar a la planta a riegos abundantes y espaciados.

Por el contrario, abusar del riego por goteo provoca un desarrollo de raíces superficial y hace a la planta dependiente del riego artificial continuo.

 

Mejorar la capacidad de retención de agua del suelo. La capacidad de retención de agua del suelo se puede mejorar incorporando periódicamente materia orgánica como compost o estiércol. A su vez, podemos frenar la pérdida de humedad acolchando el suelo con una capa de 5-10cm de mulching

 

Puedes consultar plantas resistentes a la sequía accediendo a nuestra Guía de plantas.